Club Vida Social Molanguense

El renacer de una tradición

Tras la disolución del Club Social y Cultural Molanguense, sus integrantes comenzaron una nueva etapa en sus vidas, formando familias y dedicándose a sus proyectos personales. No obstante, el deseo de mantener vivas las tradiciones y el espíritu comunitario no desapareció. Fue así que, por iniciativa del Profr. Flavio Camargo Torres, junto a los hermanos Arámbula Acosta, nació una nueva agrupación: el Club Vida Social Molanguense (CVSM). Como el ave fénix, este club renació con fuerza, sumando a nuevos miembros como el Sr. Arturo Contreras Colín, e impulsando nuevas actividades y eventos que marcaron una época.

Una de sus principales contribuciones fue la organización de preposadas en la Ciudad de México, consideradas entre las más exitosas que se han realizado. También retomaron la carrera atlética Atezca–Molango, incorporando importantes modificaciones bajo la dirección del Profr. Camargo:

  • La categoría infantil comenzando desde el CBTA No. 6, un punto intermedio entre la laguna y el campanario.
  • Se creó la categoría PONY, dirigida a niños menores de 5 años, con salida desde la cárcel de Molango (CERESO) y llegada a la meta tradicional. Esta categoría surgió como exhibición para los asistentes. 

Además, el CVSM revivió la morralada o paseo posterior a la misa en honor a Nuestra Señora de Loreto, celebrada en la Ciudad de México. Esta tradición, realizada en el Parque del Tepeyac, convocaba a familias completas en un ambiente de convivencia y nostalgia. En ese contexto, se rindió homenaje a la Srita. Raquel González, por continuar el legado de su padre, Don Severo González, en la organización de estas celebraciones.

Durante su mejor etapa, el club integró al Profr. Omar Ábrego Velasco, quien aportó nuevas ideas como el convivio del Sábado de Gloria. La intención era recuperar el espíritu de los días de campo sin la aglomeración de la laguna de Atezca, optando por el Encinal, un espacio natural rodeado de encinos. En este evento familiar, las personas llevaban su “itacate” para compartir, y se vivía una jornada de fraternidad con música de tríos huastecos, palo encebado, juegos y el surgimiento del concurso de huapango, creado por el mismo profesor, mismo que hasta la fecha con lagunas modificaciones se sigue llevando a cabo. Aunque no se otorgaban premios materiales, los participantes recibían la ovación y el reconocimiento de la comunidad.

Finalmente, con el paso del tiempo, los integrantes de esta nueva generación también tomaron distintos caminos, cerrando el ciclo de este club que, con entusiasmo y compromiso, mantuvo vivas las raíces, la identidad y el cariño por Molango.